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Ahora que nos estas cantando
entre los árboles,
la claridad del día recoge su flor y esconde
el orgasmo del polen en la piedra
y todo lo yermo acude a mí.
Cada ser sabe por qué
el cuarzo
golpea su confusa estructura,
y su voz lame la superficie que brilla,
trepando en una mezcla de abismo y temblor.
Quedé en silencio y
la quería
Se fue llorando y no volvió.
Duermo desde entonces, con
la estadía de tus ojos
puesta bajo la lámpara, y el cuarto,
en las noches lúgubres, alumbra
el delicado contorno de mis sueños. |