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Y la revolución del
cosmos,
el movimiento caótico,
impuso su otoño:
no podía haber progreso
sin el reciclaje
de la razón material del tacto,
(en el espacio no existían los
conventos).
La vida buscó el ocio,
pero no la pausa.
¡Había que domesticarlo
todo!
Negó la quietud de
la mecánica
y no podía rotar como un instrumento:
ellos se estancan,
oxidan y pudren. |