La Casa de Darío

Cuando en León, entré con mi metralleta
a la casa roída y medio muerta de Darío,
la misma de Alfonso Cortés el loco,
volví a la poesía de mí lejano país.

En la tumba de Pablo Neruda,
escondiéndome entre los vestidos de Matilde
para no caer preso,
y con ella, del brazo
escapar del cementerio.

Isla negra me trae un raro paisaje.
perseguidos por la policía,
por el litoral, corriendo, leíamos versos.

También la casa de Nicanor Parra:
allí iba con un saco de otra gente.

Unas de las cosas que evoco
es a Nicanor Parra
hablando huevadas
en el patio de su casa:

Estaba tallando su cristo
y no se quería ensartar en secreto.
Recuerdo que él estaba cagado en Isla Negra
como los chistes de los loros.

Él, hablando mal de todos
un día se subió a un árbol
para gritar
que el ser humano es pequeño.

Fue tanto el realismo,
que me cansé de visitar su casa,
          (tiene que haber llorado).

No había nada ahí,
aparte de las papas asadas
y las locuras del viejo.

Él no conoció los patíbulos,
los gritos no desvelaron su sueño:
estaba muy ocupado escribiendo versos.

Ahora, yo soy oficial del BLI* Simón Bolívar
y he llegado con el ocaso a León,
en un Was** , a leer poesía contra la guerra.

 

*BLI: Brigada de Lucha Irregular, 62 ATC, VI región
**Was: transporte militar ruso.

 
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