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Por las noches,
las cucarachas
bajan por las paredes
a escoltar mi sueño
y sin respetar mi rango,
se miran en el espejo
y alegre por todas partes pasan.
Atacan la generosidad de mis
calcetines,
el dogma estético de mis pies,
que desvanecidos como osamentas
en el suelo descansan.
Sitian la tiranía de
mis botas,
humillan su linaje perverso,
y entonces,
me hacen doler el alma.
Atrapo un trueno con mis manos
y ellas se asustan y arrancan;
entran y salen por el cañón de mi metralleta
y entre los cargadores hacen un cónclave:
se pertrechan, como si quisieran matarme.
Les tiro escupos,
golpeo la pared,
y, gritando,
cito al diablo y a sus orígenes.
Se marchan,
y ocultan entre mis libros;
allí quedan quietas,
y en la imaginación del mundo
depositan sus huevos,
y también,
se cagan en el conocimiento. |