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Ellos también sonríen
conmigo
y sin saber nada de invasiones,
siguen jugando y corriendo.
Allí,
donde la levadura de la greda
se hizo cántaro, manzana:
alguien duerme,
y alguien lo va a buscar;
alguien se lo lleva durmiendo
y alguien no vuelve nunca más.
Allí,
donde la flor conspiró con la noche,
cada cuerpo se encerró en su frontera,
con su constelación bajo la copa solsticia
del oscuro imperio del tacto gandul. |