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Hoy que han pasado duros años,
por las noches cuando
el silencio toca el reposo de las chozas,
una mujer solitaria,
oteando al horizonte,
a su hijo desaparecido canta.
Ella quedó enterrada
en el naufragio
y ya no vuelve;
y los besos del pueblo
no reparan el peldaño de su escalinata.
Yo la vi algunas noches
enterrando su voz
en la dentadura crespa del viento,
y en el cristal oscuro de su regazo,
recoger el frágil espíritu de un eco. |