|
Cuando pregunté por
la noche,
alguien salió corriendo y gritó.
Tuve miedo,
no podía encontrar tus ojos:
todo estaba cubierto de hojas secas.
Grité: ¡Tráiganme
la oscuridad!
y después que la última luciérnaga
cayera ejecutada por un zapato,
sólo vi el humo colgando de un alambre,
mirando al vacío con estupor.
Una manzana pasó volando
y el aire clandestino, prófugo,
me acarició imitando al rocío
y cantando trajo, cauteloso,
tus ojos que dormían junto a mí. |