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Latió el metal y luego,
él calló muerto.
Cedió su voluntad al ejercicio del crimen
y se marchó como el óxido,
sangrando entre los andamios de la tierra:
Su sombra quedó enterrada
como un cuchillo en la loma verde.
Mientras el viento con su
cuartel de cascadas
balancea el caminar equino de las mariposas,
alguien recoge el bulto
y eso es casi el final,
solamente algo queda temblando como un puente roto. |