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Yo entro a la oculta liturgia
de la célula,
descubro el fuego, en la noche,
con mi pequeño párpado rebelde.
Sobre la mesa, en los subterráneos,
la vida es un incendio:
todos beben el mismo sudor
y salen caminado sin sus sombras.
Hay sangre en esa mesa,
un beso hecho mercancía,
un pan de luto y alas quebradas:
todos están detrás del mismo canto,
tarareando como al ver un nacimiento. |