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Y fue la admisión del
progreso,
el drama caótico del desarrollo,
el que impuso la cadente lentitud a la vida.
Su elástico torbellino fue levantado
por la proyección geométrica del conocimiento.
Y por primera vez,
entonces,
nació el mundo:
la memoria de la materia
había adquirido un diluido formato
y cada proeza de su arquitectura
fue una contemplación desesperada
al poderío insonoro de las cosas:
La música otorgó
compás
a la compleja dentadura del piano. |